Esta ruta histórica, ya utilizada como vía de comunicación por romanos y árabes, adquirió un papel decisivo a partir del siglo XIV con la construcción del Monasterio de Guadalupe. Desde la Baja Edad Media fue uno de los itinerarios de peregrinación más frecuentados, especialmente en las rutas que lo unían con Castilla, alcanzando su mayor apogeo entre los siglos XV y XVI.
Ampliamente descrito por cronistas y viajeros, el Camino Real se convirtió en un cauce para la devoción mariana y el tránsito constante de miles de peregrinos procedentes de muy diversos puntos de la Península. Ventas, veredas y villas jalonaban un trazado que hoy puede reconstruirse gracias a estas fuentes históricas.
Su consolidación fue impulsada por reyes y monarcas, destacando los Reyes Católicos, y más tarde por la Casa de Austria, bajo cuyo amparo Guadalupe mantuvo hasta finales del siglo XVII su condición de centro espiritual del reino.








